Productora Popular
jueves, 30 de abril de 2020
domingo, 22 de julio de 2018
La cultura de la basura y los trabajadores del arte
No es desconocido que el
Arte en Chile está en descenso. Sin embargo, cada uno podría dar
sus propias razones para estar de acuerdo con esta afirmación. Una
de las evidencias, está en la hegemonía cultural imperante, que,
aunque presente resistencias, no ha detenido su avance y ya abarca
casi el total de los medios masivos, incluso el internet. Lo que
vemos a diario es una farándula que profundizó su decadencia,
noticieros sin ética ni escrúpulo, el monopolio de Minera Escondida
y fundación Andrónico Luksic como financistas de grandes
espectáculos masivos y gratuitos, y Fondart, donde postulantes deben
adaptar sus propuestas a algo que encaje ojalá con la línea
editorial del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
La producción artística
normalmente está ligada a la posibilidad de financiarse, por esa
razón, el artista en Chile se ha visto obligado a sobrevivir
mediante conformismos, y a transar sus herramientas de trabajo a los
intereses de sus mecenas. “A veces
el artista no demanda siquiera que se le permita hacer fortuna.
Modestamente se contenta de que se le permita hacer su obra.”
Mariátegui (1925). Hoy en día,
todavía el patrón pone las reglas del juego, y el arte y la cultura
no escapan de esa relación.
¿Y nosotros?
Al parecer ni en esta ni
en la otra. La gradual derrota post 90, hizo que los espacios
fundamentales desaparecieran sin penas ni glorias. La mayoría de los
artistas ligados a los piños más radicalizados han debido “ampliar
el giro” a través de la gestión cultural, consiguiendo infra o
levantando actividades con contactos. Muchos se fueron para la casa,
donde había más posibilidades de seguir profundizando un discurso,
de forma individual, o “apañando” de vez en cuando.
Tenemos una izquierda que
se acostumbró a la táctica de la oposición hacia nuestro enemigo
más cercano, por lo que tendemos a hacer frente con contrapostales
de Violeta Parra para que no nos arrebaten lo único que nos estaba
quedando. Y da la impresión de que nos sentimos cómodos en esa
postura, apreciamos niveles de sensibilidad que puedan
identificarnos, dentro de cualquier propuesta, y abandonamos grados
de profundidad artísticos que en su momento marcaron tendencia, y ya
no hay crítica de arte para no “chaquetear” el residuo. No
podemos tirar abajo lo que va quedando, ni tampoco podemos permitir
la cooptación de los nuestros. Pero esa tarea por sí sola parece
ser suficiente para ocupar nuestras funciones en el ámbito de la
resistencia cultural.
Hacer cultura popular
¿Cómo llevar a cabo una
verdadera vanguardia política, si no tenemos la creación, el
rupturismo, y las ideas nuevas de nuestro lado?
Muchos compañeros han
encontrado asertivamente la respuesta en las raíces, consagrando la
cultura indígena y llevándola a la calle en pasacalles y
carnavales. Se presentan como un respiro a la invasión colonizadora
de la cultura patronal, y va ganando su merecido espacio en las
poblaciones, donde siempre ha habido diversidad, que pretende ser
allanada. Por lo demás, la calle como escenario es otra ganada en
esta confrontación. Pero el enfoque todavía es unidimensional y
tenemos más desafíos por delante: La cultura popular, como medio de
expresión de los sin voz.
Y aquí, todo es cancha.
En el campamento Nueva Habana, en los 70`, los cabros chicos tenían
escenario para festival de imitaciones, al mismo tiempo que obras de
teatro de pobladores para pobladores. En los 90, los pasquines
populares informaban la propia problemática de la población, sin
“extranjerismos”. Hoy día, la palabra autogestión resiste en
colectivos que no logran autofinanciarse. Pero tenemos miles de
formas de expresión que no están siendo utilizadas, y se nos olvida
que el arte surge en sus propias condiciones materiales. Con o sin
recursos, podemos crear. Lo que sucede es que el “gusto”, no nos
ha distinguido del todo del enemigo, y hay que tener cuidado con eso.
Muchos hemos sido cooptados también, ya sea por la burguesía o la
academia. Se nota en nuestro lenguaje.
Los desafíos
Hay que luchar contra el
status quo, y reírnos de nosotros mismos, crear nuestra propia
cultura, de izquierda y popular, hoy. Somos herederos de Mejía
Godoy, Galeano, Roque Dalton, Viglietti. Pero también de Lemebel y
Andrés Pérez, de las fiestas spándex y la cultura punk,
consagración de lo marginal. Con excepciones, todavía hay muchos
que se distancian de ese vínculo con “Lo feo”. Nos gusta
sentirnos marginales en el puro carrete, o cuando nos conviene, pero
en cultura igual marginamos a los marginales. Hay que decirlo, somos
conservadores.
El arte debe ser un arma
que dispare certera, y si es necesario, a nosotros mismos, y perder
el miedo a estar equivocados, consagrar el error. De esta manera, en
algún momento podremos apreciar la profundidad de los antagonismos
de clase, expresados por sus propios protagonistas: La clase
trabajadora.
En
todos los espacios, sin miedo a que el sindicato realice dinámicas
de educación popular, que terminen en obras de teatro. Si la
realidad se expresa ahí, el deber es aprender y crear el espacio,
con la mejor de las infraestructuras posibles. Entonces el rol del
artista o el gestor cultural pasa por ser un facilitador y
perfeccionador de las expresiones populares. Pero también como
vanguardia política, falta entender que, para superar la decadencia
del arte, debemos sensibilizarnos con lo que nos abrió los ojos en
algún momento, y aceptar todas las posibles emociones que esto nos
haga sentir, auténticamente.
Para esto, el llamado es
a que los estudiantes y trabajadores ligados al mundo del arte y la
cultura comiencen a crear insumos, sistematicen experiencias, y
consoliden vínculos con las organizaciones sindicales, territoriales
o estudiantiles, y hagan valer sus puntos de vista, no sólo mediante
la puesta en escena, sino también en asambleas, reuniones, y la
autoorganización. A los trabajadores del Arte nos falta experiencia
en organización, para al fin dar la pelea contra la cultura del
opresor.
domingo, 11 de enero de 2015
Mambo Autogestión
Este
artículo corresponde a las dudas y conclusiones del taller de "cultura
revolucionaria" presentado por la Productora Popular durante los primeros
días de Enero 2015. No pretendemos generar verdades, sino más dudas que
colaboren con el cuestionamiento permanente que estamos planteando.
Al parecer los viejos tiempos de los asaltos al banco, o las recuperaciones masivas han desaparecido. El avance que el capitalismo ha producido en cada organización, hace que cada vez respondamos a ideales más pequeños, reducidos, o específicos. También se nos achicaron los recursos que necesitamos para hacer lo que queremos hacer, siendo cada vez menos ambiciosos en nuestros objetivos. Reducimos nuestro espectro incluso hasta lo individual, sesgándonos del bien común.
Usamos
entonces la autogestión como medio para todo, e incluso pasándola por un fin en
sí mismo, y nos convertimos en los ejecutores de la precariedad con la que
cubanos, soviets, y anarquistas españoles actuaron luego de sus correspondientes
procesos revolucionarios. Sin embargo cabe la duda¿Qué ideología pretendemos
detrás del título de autogestión? Si finalmente, el único discurso que se
transmite es la autonomía, ¿Y no somos también autónomos cuando hacemos bien la
pega sin preguntarle al jefe qué hacer?, ¿No podríamos llamar, por ejemplo, a
una universidad privada cualquiera "autogestionada", por concebir la
autonomía dentro de su estructura organizacional?
Y
por lo demás, cuando leemos que una actividad se anuncia como autogestionada,
estamos asistiendo a la excusa de que pueda salir mal, por la precariedad con
la que trabajamos: Se bajan los grupos invitados, comienza todo una o dos horas
más tarde, fallan un par de parlantes, y el "carrete" se adelanta a
cualquier discurso.
Entonces,
¿Qué es lo que estamos llevando a cabo?, ¿Una práctica con la que generemos
ingresos para una organización?, ¿O crear cultura popular que llame a la
organización?
En
ambas opciones, que son las primeras de varias que podríamos tener, tenemos
dudas del resultado, porque si trabajamos todo un día para generar ingresos,
por ejemplo, con una clásica "tocata autogestión" donde se cobre
entrada, se vendan sopaipillas, completos, y copete, estamos invitando a todos
los compañeros de batalla, a que el exceso se apodere de su
"consumo", y que ese día no tengan límites en el gasto económico,
etílico, y alimenticio(de dudosa sanidad).
Entonces
estamos cumpliendo el objetivo, todos trabajamos con lo que tenemos a mano: Los
músicos con su bandita, los cocineros, los que emplean de guardias, los
sonidistas de turno, ofrecen su fuerza de trabajo con resultados monetarios
comunes. Eso por tanto, a diferencia de hacer una "cucha" y entregar
todos una parte de su sueldo sin actividad, es crear un aprendizaje que da
conciencia, que despierta sensibilidades, en el discurso, la acción, el
compartir, etc.
Entonces
dejamos la última duda: Si esta es nuestra forma de hacer cultura
revolucionaria, ¿Por qué seguimos utilizando los medios más precarios, y
transformándolo todo en un "mambo autogestión", teniendo ambiciones
tan grandes, como la revolución misma?. Tarea pa la casa.
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